Indígenas, los pobres entre los pobres

No es ninguna novedad la pobreza en nuestro país. Tan sólo las cifras para el 2012, las más recientes disponibles, estiman que el 45.5% de la población (53.3 millones de personas) vive en condiciones de pobreza, siendo 35.7 puntos (41.8 millones) pobreza moderada y 9.8 puntos (11.5 millones) pobreza extrema. Otro tanto es vulnerable por carencia social (28.6% de la población) y vulnerables por ingreso (6.2%). La población no pobre y no vulnerable es 19.8% (23.2 millones), ni siquiera una quinta parte del total nacional.Las de por sí ya deprimentes cifras de pobreza en nuestro país, no muestran a primera vista una realidad de un sector de la población que se encuentra en peores condiciones que el resto: los indígenas.

La gráfica 1 muestra la distancia en condiciones que existe entre los indígenas y a nivel nacional. La pobreza extrema es 20 puntos porcentuales mayor entre los indígenas que a nivel nacional, mientras que los indígenas en condiciones de pobreza moderada son 6 puntos más que la proporción de la población total en esa situación. Es decir, casi tres cuartas partes de los indígenas (72.3%) están en alguna condición de pobreza. Cabe destacar que únicamente el 5.3% de los indígenas es no pobre y no vulnerable.

Gráfica 1. Pobreza por grupos de población, 2012.

Fuente: Coneval, 2012.

La medición de la población indígena ha representado históricamente un reto metodológico, ya que los criterios y dimensiones para determinar todo lo referente a lo indígena se han modificado a lo largo de la historia. En la actualidad, la definición oficial de población indígena, propuesta por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, considera como indígena a las personas que pertenecen a un hogar indígena, es decir, en el que el jefe o jefa, conyugue o algunos de los ascendientes es hablante de lengua indígena. También se incluyen a las personas que declararon hablar alguna lengua indígena y que no pertenecen a estos hogares (CONEVAL, 2014).

De acuerdo con el Censo de 2010, la población indígena aumentó cerca de 70%, para alcanzar un total de 18.1 millones de personas, lo que representa el 16% de la población total. Este crecimiento se debe principalmente al aumento de la población que se autodefine como indígena. Hay una población de 15.7 millones de indígenas. De este total, 6.6 millones son hablantes de alguna lengua indígena y 9.1 millones no lo son. De los hablantes, 400,000 no se consideran indígenas.

A su vez, las 10 entidades con más proporción de población en hogares indígenas, respecto al total de la población, son Yucatán (51.4%), Oaxaca (45.9%), Chiapas (33.4%), Quintana Roo (32.7%), Campeche (21.3%), Hidalgo (21.2%), Guerrero (18.1%), Puebla (18.1%), San Luis Potosí (13.9%) y Veracruz (13.5%). Uno de los rasgos fundamentales de la población indígena es su diversidad y pluralidad; de acuerdo con la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, también con datos de 2010, de las 32 entidades federativas sólo en cuatro no había pueblos indígenas: Aguascalientes, Baja California Sur, Nuevo León y Zacatecas; y de los 2, 452 municipios, sólo en 32, no se identificó presencia de indígenas.

En los estados de Oaxaca, Chiapas, Puebla y Veracruz, la población indígena supera el millón de habitantes. Si se ve por entidad federativa, los mayores porcentajes de indígenas están asentados en Campeche, Chiapas, Hidalgo, Oaxaca, Quintana Roo y Yucatán. En todas esas entidades la población indígena supera 20% del total y, en el caso de Yucatán representa más de la mitad de su población.

Por otra parte, en Guerrero, Hidalgo, Veracruz, Puebla, San Luis Potosí y Campeche, INEGI identificó que entre 5% y 15% de sus poblaciones serían hablantes de lenguas indígenas; mientras que en Sonora, Chihuahua, Michoacán, Nayarit, el Estado de México, Tlaxcala y Tabasco, sólo entre 2% y 5 por ciento.

Según CONEVAL, el porcentaje de población indígena en condiciones de pobreza se ha mantenido estable, ya que en 2008 representaba el 71.1%, 74.4% en 2010 y 72% en 2012. Para este último año siete de cada diez indígenas se encontraban en pobreza, mientras que para los no indígenas es 5 de cada 10. Al analizar los municipios considerados como indígenas y predominantemente indígenas, la población en situación de pobreza extrema asciende al 50% y 41% respectivamente, mientras que en los municipios con moderada presencia y escasa presencia indígena, la población en situación de pobreza extrema representa el 20.4% y el 7.9%. El porcentaje de población hablante de lengua indígena en pobreza (2012) casi duplicaba al de la población no hablante (76.8 – 43.0%) y el porcentaje de población en pobreza extrema era casi cinco veces mayor (38.0 – 7.9). El mismo Consejo anota que al mantenimiento de esta situación, contribuye el hecho que de diez indígenas, seis tienen al menos tres carencias sociales.

En relación con el bienestar económico, el mismo Consejo reporta que en 2012 casi ocho de cada diez hablantes de lengua indígenas (77.9%) y más de siete de cada diez personas residentes en hogares indígenas (74.7) tenía ingresos inferiores a la línea de bienestar (no contaban con recursos para satisfacer sus necesidades alimentarias y no alimentarias).  Asimismo, la mitad de la población hablante tiene ingresos inferiores al costo de la canasta básica alimentaria, en contraste con 17.9% de población no hablante.

En 2012, el ingreso medio per cápita ascendió a 3,190 pesos mensuales, pero para los hablantes indígenas y la población en hogares indígenas su ingreso fue apenas la mitad del promedio nacional (1,487 y 1,667 pesos, respectivamente). Sobre la fuerte disparidad en el ingreso percibido por los hablantes de lenguas indígenas y la población en hogares indígenas dice CONEVAL “(se hace necesario) seguir generando acciones que les permitan (…) participar con mayor equidad tanto en los mercados laborales como en el incremento de la productividad de su actividad económica independiente”.

En términos del perfil de pobreza y carencia social y económica el mismo Consejo destaca que, con base en cualquier criterio de pertenencia étnica que se utilice para definir la población de estudio, siempre se asocia la pertenencia étnica definida como indígena con mayores niveles de precariedad que los de la población total. Asimismo, destaca que conforme los rasgos étnicos se vinculan de manera más estrecha con criterios estructurales como el habla, la precariedad se acentúa.

Esta situación se puede ver tanto en relación con los derechos sociales como con el ámbito económico, cuya conjunción arroja datos como los siguientes: en 2012, tres de cada cuatro personas que hablaban alguna lengua indígena y poco más de siete de cada diez integrantes de hogares indígenas estaban en pobreza. En contraste, alrededor de la mitad de la población que se considera indígena y de la que, a pesar de hablar lengua, no se considera indígena, estaba en niveles mucho más cercanos a los de la población total (45.5%). Asimismo, los niveles de carencias sociales, que denotan condiciones de mayor vulnerabilidad son, asegura el CONEVAL, notoriamente mayores entre la población indígena hablante.

Todos estos datos determinantes muestran claramente la exclusión a la que se enfrentan los indígenas, y que a pesar de los esfuerzos de política social para combatir la pobreza, estos no han permeado en el nivel de ingreso de este grupo de mexicanos y mexicanas. Es por ello que se debe pensar en replantear las estrategias que permitan a este grupo tan vulnerable salir de las deplorables condiciones en las que se encuentra

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